Chef de Dulce

¡Si la vida te da limones haz limonada!

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Hace unos días unos amigos volvieron de su viaje a San Andrés.

Ademas de pasar delicioso, me contaron que la comida fue toda una experiencia, disfrutaron de los arroces, pescados y salsas que les ofrecieron en la amplia oferta gastronómica de la isla.

Me hicieron reír cuando me contaron que la nena menor de la casa se le ocurrió pedir en plena playa una pasta boloñesa. A pesar de la insistencia del papá en que comiera pescado ella estaba empecinada con su pasta…. Y como era de esperarse fue un pequeño desastre… La pasta estaba muy cocinada casi deshecha, y la salsa era casi salsa de tomate de sobre con unos trocitos de carne.  A regañadientes tuvo que comerse el plato que había pedido y después de eso empezó a disfrutar de los sabores del mar.

Según ellos la lección quedo aprendida!

Hoy en día pareciera que la comida se va volviendo la misma en cualquier ciudad o pueblo del mundo, pero aunque la globalización nos acerca y podemos conocer las comidas de lugares remotos, también nos muestra que las cosas nunca saben igual que en el lugar de donde son propias. Un mote de queso en montería, un chuzo desgranado en Barranquilla, una buena changua en Boyacá… por mas de que se consigan los ingredientes en otros lugares nunca saben igual que en su lugar.

Hace poco tuve la experiencia de preparar unos postres en mesitas del colegio, me ofrecieron un listado de frutas maravillosas que se dan en la región gracias a sus diferentes alturas, y me enamoré del sabor del Anón. Su aroma, su textura y su sabor me inspiraron para crear un delicioso postre que aquí les comparto, ¡espero se animen a prepararlo!