Chef de Dulce

¡Inventos que alegran la vida!

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Hace como 15 años, cuando aún no sabía que ser pastelera era una posible profesión, pasaba las tardes en mi casa, metida en la cocina inventando. Los desastres eran más comunes que los aciertos, pero fuera una cosa o la otra, siempre tenía algún conejillo de indias dispuesto a probar. Mi amiga Alejandra era una de esas “víctimas” que con entusiasmo y confianza probaba las cosas que salían del horno, de la alacena o de la nevera. En ocasiones no probaba nada, pues todo terminaba en la caneca.

Entre delicias y desastres se nos pasaban las tardes riendo, comiendo y soñando en cómo sería nuestra vida más adelante, como casi siempre llegaba feliz y sonriente, recuerdo muy bien un día que llegó con un ánimo muy diferente.

Llegó triste, algo importante había pasado y la sonrisa de siempre estaba lejos de aparecer. Mientras yo escuchaba sus tristezas, recuerdo que pensaba: “¿Qué puedo darle para hacerla sonreír?”. En ese momento, recordé que había dejado olvidado uno de mis últimos inventos en el congelador, una mezcla cremosa y espumosa de moras, que seguramente en este punto ya se habría convertido en un helado.

Se lo serví en un vasito transparente, lo decoré con hojitas de hierbabuena y lo rocié con leche condensada. Mientras contaba su historia y comía, la cara de Alejandra cambió, su tristeza se fue desvaneciendo y, de un momento a otro, empezó a sonreír. Ese día terminamos soñando con una pastelería que no tuviera menú, en la cual con solo decir cómo nos sentimos en ese momento, fuese suficiente para que nos prepararan algo rico.  

Sigo pensando que es una gran idea, sigo siendo amiga de Alejandra y sigo sacándole sonrisas a las personas con este delicioso invento de moras. ¿Y tú, a quién quieres hacer sonreír?