Chef de Dulce

¡Una receta deliciosa para encuentros increíbles!

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Como hacer brownie

La única vez que agradecí haber hecho una fila tan larga, fue en un aeropuerto. Volvía de un viaje y en la fila, delante de donde me encontraba, había un chico con unos hermosos ojos grises que me miraba insistentemente. Cruzamos miradas y sonrisas un par de veces y cuando avanzó para ir por su maleta me guiño un ojo, saludó con la mano y siguió su camino. “Nada mal la llegada de las vacaciones”, pensé.

Un mes después, cuando la rutina ya había vuelto a tomar su curso, salí del trabajo y pasé por una cafetería cercana para pedir un tinto y en la fila, justo detrás mío un chico de ojos grises llamó mi atención. Esperé mi pedido junto a la caja, mientras tanto, escuché lo que pidió: “Un chococafé helado y un brownie, por favor”.

Me senté con mi tinto en una mesita, de repente, el chico se me acerca y me dice: ¿no te acuerdas de mí? Pasaron tres segundos donde alcancé a pensar de todo y quise que me tragara la tierra, “¿Es alguien que conozco?, ¿es el amigo de un amigo mío?, ¿Es un familiar lejano?”

Pues no, señores. Aunque suene increíble, ahí estaba, el chico del aeropuerto. Por supuesto yo soy muy distraída y nunca lo habría reconocido, pero él, él recordaba todos los detalles de aquella interminable fila.

¡Qué coincidencia tan increíble! Me preguntó si podía acompañarme en la mesa y se sentó. Después de pasar mi vergüenza, hablamos durante horas, de los nervios que tuve me tomé su café helado sin darme cuenta, y él, sin decir nada, se tomó el tinto que yo había pedido. No recuerdo cuánto tiempo pasó, pero hablamos hasta convertirnos en los últimos clientes de la cafetería. Hasta que cerraron.

Después de esa tarde, nos vimos todos los días durante un mes, antes que se fuera de viaje, pues no vivía en el país. Durante ese mes se nos volvió un ritual encontrarnos en la cafetería y acompañar nuestras conversaciones con un brownie y un chococafé: dos recetas, que, sin darnos cuenta, se volvieron el aderezo de encuentros increíbles, tanto así, que el día que partió, preparé una bandeja de brownies y se la entregué para el viaje.

Ya pasaron muchísimos años de ese encuentro, pero conservamos el contacto, él con su familia y yo con la mía, pero ambos sabemos que fue una historia extraordinaria y la atesoramos como se atesoran los más increíbles recuerdos de nuestras vidas.

¿Y a ti? ¿Qué receta te recuerda lo increíble que puede ser la vida?